Con el fin de reducir la cantidad de dosis de medicamento diarias que necesitas, es posible que el médico te recete una combinación de medicamentos en bajas dosis en lugar de dosis grandes de un solo medicamento. De hecho, dos o más medicamentos para la presión arterial suelen ser más efectivos que uno solo. A veces, hallar el medicamento o la combinación más efectiva es una cuestión de prueba y error.
De acuerdo con las pautas de la Asociación Estadounidense del Corazón (AHA) y del Colegio Americano de Cardiología (ACC), una lectura por debajo de 120/80 mm Hg se clasifica como presión arterial normal. Aquellos con una lectura de presión arterial entre 120/80 y 129/80 se clasifican dentro de una categoría llamada presión arterial elevada. La hipertensión se define como una lectura de 130/80 o superior.

Otro factor que también se debe considerar es la ansiedad la cual puede inducir la elevación de la presión arterial. En ocasiones, las personas se obsesionan con la necesidad de tomar buenas lecturas como una medida para preservar la salud pero ésto no sólo puede provocar una sobreestimación de la presión arterial, sino que también puede empeorar la hipertensión en general. La variabilidad inherente de la presión arterial significa que, sin duda alguna, habrá algunas lecturas altas. Si está muy ansioso, estas lecturas altas pueden agravar su ansiedad, lo que lleva a nuevos aumentos de la presión arterial y la creación de un círculo vicioso. Si esto le suena familiar, recuerde que la medición con demasiada frecuencia no es recomendable.
Practicar deporte es clave. El ejercicio puede reducir un 70% el riesgo de hipertensión. Al moverte, aunque sea andar de manera moderada, los vasos sanguíneos se ensanchan y mejora la frecuencia cardíaca. Se calcula que haciendo ejercicio aeróbico (andar, ir en bicicleta, correr) de forma habitual la presión baja 4,6 mmHg, y tomando menos sal, 3,6 mmHg. Ponte en forma sin pisar el gimnasio siguiendo estas rutinas.
En la vejez la presión arterial es generalmente algo más elevada que en las etapas anteriores, ya que los vasos sanguíneos van perdiendo elasticidad. Esto no quiere decir que la hipertensión sea inocua en esta edad. Nunca debe ser elevada en ancianos, por lo que a partir de cierto nivel y en caso de que existan otros factores de riesgo como las enfermedades cardiovasculares, es muy importante tomar las medidas necesarias para disminuirla. En el caso del pulso en reposo, éste no debería ser superior a las 85 pulsaciones por minuto. Y en lo que respecta a la presión, no debería pasar de los 150/90 mmHg.
Otro factor que también se debe considerar es la ansiedad la cual puede inducir la elevación de la presión arterial. En ocasiones, las personas se obsesionan con la necesidad de tomar buenas lecturas como una medida para preservar la salud pero ésto no sólo puede provocar una sobreestimación de la presión arterial, sino que también puede empeorar la hipertensión en general. La variabilidad inherente de la presión arterial significa que, sin duda alguna, habrá algunas lecturas altas. Si está muy ansioso, estas lecturas altas pueden agravar su ansiedad, lo que lleva a nuevos aumentos de la presión arterial y la creación de un círculo vicioso. Si esto le suena familiar, recuerde que la medición con demasiada frecuencia no es recomendable.
Controlar su presión arterial es una labor de por vida. La presión arterial es sólo uno de varios factores que elevan su riesgo de sufrir ataques cardíacos, derrames cerebrales o la muerte. La diabetes y el colesterol alto son otros factores de riesgo. Los cambios en el estilo de vida —tales como bajar de peso, llevar una dieta sana y realizar actividad física— pueden influir en esos tres factores de riesgo, pero muchas personas también tendrán que tomar medicamentos.
Si toma dos o más medicamentos al mismo tiempo, la forma en que su cuerpo procesa cada medicamento puede cambiar. Cuando esto sucede, aumenta el riesgo de efectos secundarios de cada medicamento. Alguno de los medicamentos puede no funcionar como debería. Asegúrese de que su médico sepa qué medicamentos está tomando. Esto incluye todos los medicamentos de venta libre y recetados, las vitaminas y los suplementos a base de hierbas.
Estos factores determinan los números de presión arterial. El número sistólico es el número superior e indica la presión a medida que el corazón late o empuja la sangre por todo el cuerpo. El número diastólico es el número inferior, y se refiere a la presión en las arterias cuando el corazón descansa entre latidos. Durante este tiempo, el corazón recibe oxígeno mientras se llena de sangre.
La presión arterial alta es muy común en las personas mayores. El sistema vascular cambia a medida que las personas van envejeciendo. Las arterias se endurecen, de modo que la presión arterial sube. Esto es cierto incluso para las personas que tienen hábitos que benefician la salud del corazón. La buena noticia es que la presión arterial puede ser controlada en la mayoría de las personas.
Un nuevo estudio grande, sin embargo, Un nuevo estudio grande, sin embargo, indicó que las personas con hipertensión vivían más tiempo y con menor riesgo de enfermedad cardíaca si reducían la presión sanguínea sistólica hasta 120 usando medicamentos. Desafortunadamente, este beneficio conlleva un aumento significativo del riesgo de efectos secundarios:

Otro factor que también se debe considerar es la ansiedad la cual puede inducir la elevación de la presión arterial. En ocasiones, las personas se obsesionan con la necesidad de tomar buenas lecturas como una medida para preservar la salud pero ésto no sólo puede provocar una sobreestimación de la presión arterial, sino que también puede empeorar la hipertensión en general. La variabilidad inherente de la presión arterial significa que, sin duda alguna, habrá algunas lecturas altas. Si está muy ansioso, estas lecturas altas pueden agravar su ansiedad, lo que lleva a nuevos aumentos de la presión arterial y la creación de un círculo vicioso. Si esto le suena familiar, recuerde que la medición con demasiada frecuencia no es recomendable.
Tratamiento farmacológico. Si eres hipertenso no puedes conformarte con las recomendaciones anteriores, ya que es posible que debas seguir un tratamiento farmacológico. Los resultados no siempre reflejan una reducción inmediata de la presión arterial, así que es necesario esperar un poco antes de plantearle al médico un cambio de medicación. Los fármacos antihipertensivos están agrupados en varios tipos:

En el caso de que se padezcan algunas de estas alteraciones es aún más importante la alimentación (sobre todo el aporte de sodio y potasio) pues controlando el nivel de alimentos que ingerimos se podrá optar por un mayor control de la tensión arterial por la influencia sobre las alteraciones de los aparatos descritos como el cardiocirculatorio, renal y endocrino.

Usted y su médico deben establecer los valores a utilizar. Si eligen el enfoque más conservador, debe tener en cuenta que un valor promedio sistólico mayor de 135 mmHg o un valor medio diastólico superior a 85 mmHg representan una alta probabilidad de que usted sufre de hipertensión y, por ende, debe considerar un plan de acción para mejorar sus números. Por otro lado, si la media es menor de 125/76 mmHg, la probabilidad de que sufra de hipertensión es bastante baja. Si sus números están entre 125-135 mmHg (sistólica) y 76-85 mmHg (diastólica), usted se encuentra en una zona gris en cuanto a si sufre o no de una verdadera hipertensión. En este caso es recomendable empezar a hacer ciertas modificaciones básicas – dieta, ejercicio y relajación – de estilo de vida.


La sal provoca retención de líquidos, que aumenta el volumen de sangre y, por tanto, la presión arterial. La Sociedad Española de Cardiología (SEC) la considera una droga por los daños que provoca y por lo adictiva que es. La OMS recomienda un consumo inferior a cinco gramos al día, si no quieres pasarte sazona las comidas con especias, como el orégano o el romero, y aléjate de los alimentos procesados, ya que muchos de ellos, aunque parezcan dulces, contienen grandes cantidades de sal.
Si concretamos sobre la prevalencia, “la hipertensión arterial en adultos afecta a alrededor del 30 o 45 por ciento de la población. Es más común en edad avanzada (llegando a más del 60 por ciento en personas con más de 60 años). La HTA fue el líder global en contribuir a la muerte súbita con casi 10 millones de muertes en 2015”, puntualiza Antonio Castro Fernández, responsable del Área de Cardiología del Hospital Vithas Nisa Sevilla y presidente de la Sociedad Andaluza de Cardiología (SAC).
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