La tensión o la presión arterial es la fuerza que ejerce la sangre contra las paredes de las arterias, es decir, presión de la sangre cuando circula por los vasos sanguíneos. Como ya hemos advertido otras veces desde Bekia Salud, la hipertensión es la principal enfermedad provocada por niveles de inadecuados de presión arterial y trae serias consecuencias para la salud. Entre las consecuencias se encuentran las enfermedades cardivasculares, principal causa de muerte en nuestro país, por problemas como infartos o derrames cerebrales. Por tanto, hay que tratar siempre te mantener unos niveles normales de presión arterial, así como diagnosticar rápidamente cualquier posible trastorno relacionado con la tensión.
Nuestras arterias tienden a estrecharse y debilitarse con el tiempo. Esto reduce la elasticidad de los vasos sanguíneos que se necesita cuando la sangre golpea contra las paredes. Los vasos sanguíneos no pueden funcionar a la capacidad normal a medida que se endurecen. El estrechamiento puede provocar la obstrucción de los conductos, lo que puede provocar un accidente cerebrovascular o un ataque al corazón.

Cambios en la estructura de los vasos sanguíneos. Los vasos sanguíneos tienen capas de proteínas, como la elastina y el colágeno. La elastina es lo que hace que los vasos sanguíneos sean flexibles. El colágeno, que es más rígido, les proporciona estructura. Con la edad, la elastina se rompe. Incluso la elastina que no se rompe pierde su elasticidad. Mientras tanto, los depósitos de colágeno en los vasos incrementan. Como resultado, los vasos sanguíneos se engrosan y son menos flexibles con el paso del tiempo. Estos cambios pueden conducir a presión arterial sistólica más alta.
En casi todos los países de ingresos altos, el diagnóstico y tratamiento generalizado de esas personas con medicamentos de bajo costo ha propiciado una reducción significativa de la proporción de personas con tensión arterial elevada, así como de la tensión arterial media en todas las poblaciones, lo que ha contribuido a reducir la mortalidad por enfermedades del corazón. Por ejemplo, el 31% de los adultos en la Región de las Américas de la OMS padecía tensión arterial elevada en 1980, en comparación con 18% en 2014.

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La medición invasiva de la presión arterial se utiliza para dar una lectura de la presión sanguínea más precisa , aunque este proceso es un poco complicado. Este método consiste en la inserción de la cánula de una aguja en la arteria radial, femoral, dorsal del pie o braquial. La cánula se conecta a un equipo esterilizado lleno de líquido que está unido a un transductor electrónico de la presión. De esta manera, la presión sanguínea se controla para cada latido y un gráfico de la presión contra el tiempo se muestra en forma de onda, que establece el ritmo individual.
Una lectura de presión arterial mide tanto la fuerza sistólica como la diastólica, anotándose la sistólica en primer lugar. Las cifras indican la presión en unidades de milímetros de mercurio (mm Hg), es decir, la altura a la cual la presión dentro de las arterias podría elevar una columna de mercurio. Por ejemplo, una lectura de 120/80 mm Hg significa que la presión sistólica es de 120 mm Hg y la diastólica es de 80 mm Hg.
La mediciones no invasivas por auscultación (del latín escuchar) y oscilométrica, son más simples y más rápidas que las mediciones invasivas, requieren menos pericia para llevarlas a cabo, virtualmente no tienen complicaciones, y son menos desagradables y dolorosas para el paciente. Sin embargo, las mediciones no invasivas pueden tener una exactitud algo más baja y pequeñas diferencias sistemáticas en los resultados numéricos. Los métodos de medición no invasivos son más comúnmente usados para exámenes y monitoreos rutinarios.
Las personas con obesidad tienen entre dos y tres veces más posibilidades de padecer hipertensión, según datos de la Fundación Española del Corazón (FEC). Además, perder peso es la mejor forma de bajar la presión arterial, pues reducir 10 kilos puede repercutir en una bajada en la tensión sistólica de unos dos puntos; por ejemplo, de 140 a 120 mmHG. Lo mejor para perder esos kilos de más es acudir a un especialista que te proporcione una dieta personalizada, y realizar ejercicio de manera habitual.
El médico también puede utilizar un aparato denominado «oftalmoscopio» para examinar los vasos sanguíneos de los ojos y determinar si ha habido algún engrosamiento, estrechamiento o ruptura, lo cual puede ser un indicio de presión arterial alta. Empleará además un estetoscopio para escuchar el sonido del corazón y del flujo sanguíneo por las arterias. En algunos casos puede ser necesario realizar una radiografía de tórax y un electrocardiograma.
Las grasas omega-3 generalmente se encuentran en el aceite de linaza, aceite de nuez y en el aceite de pescado. Siendo este último su mejor fuente. Desafortunadamente, en la actualidad la mayoría de los pescados frescos contienen niveles peligrosamente altos de mercurio. Así que lo mejor que puede hacer es encontrar una fuente de pescado segura, o si esto le resulta muy difícil, opte por un suplemento de aceite de Kril de alta calidad, que ha demostrado ser 48 veces más potente que el aceite de pescado.

Ya has tomado antihipertensivos pero tu presión sigue sin bajar. ¿Has pensado que quizá sea por el estrés que sufres? O quizá no duermes bien o tienes sobrepeso. ¿Reconoces estos síntomas? Muchos factores pueden influir en una presión alta, pero la buena noticia es que la tensión se puede controlar sin recurrir a los fármacos. Cambiando tu alimentación y tu estilo de vida podrás hacer que tu presión baje y vuelva a ser normal.
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