Las personas con obesidad tienen entre dos y tres veces más posibilidades de padecer hipertensión, según datos de la Fundación Española del Corazón (FEC). Además, perder peso es la mejor forma de bajar la presión arterial, pues reducir 10 kilos puede repercutir en una bajada en la tensión sistólica de unos dos puntos; por ejemplo, de 140 a 120 mmHG. Lo mejor para perder esos kilos de más es acudir a un especialista que te proporcione una dieta personalizada, y realizar ejercicio de manera habitual.
La hipertensión o tensión alta se da en valores superiores a 14 y 9, mientras que los valores por debajo de 10 y 6 indican hipotensión o tensión baja. Si tienes tendencia a tener la tensión alta o tienes antecedentes familiares, te recomendamos que leas este artículo sobre claves para prevenir la hipertensión. En cambio, si crees que puedes padecer hipotensión, te invitamos a que leas este otro artículo para que sepas cuáles son los síntomas de la tensión baja.
Nuestra capacidad para procesar carnes dietéticas, especialmente carnes rojas, se reduce con el tiempo. Esto puede ser un factor en el aumento de la presión arterial, particularmente con los efectos adicionales de digerir grandes cantidades de sal. La ingesta diaria y la producción natural de sodio comienzan a acumularse en nuestro torrente sanguíneo.
¿Te pasas horas con ruido de fondo? No hace falta que sea un gran ruido. Si cada día estás expuesta a ruido de tráfico, del aparato de aire acondicionado, del ventilador de tu ordenador, etc,, seguro que contribuye a tu estrés. Aunque no seas consciente, el ruido te va calando, te estresa y acaba teniendo efecto en la tensión. Evítalo al máximo y, si es necesario, ponte tapones para dormir.
En los niños, la presión arterial es menor que en los adultos. Un niño tiene la tensión alta cuando la presión arterial sistólica es igual o superior  a 140 mmHg y la presión diastólica supera los 90 mmHg. La causa más importante de la hipertensión en niños suele ser  el exceso de peso, pero también las enfermedades del riñón o los trastornos hormonales. Es muy importante controlarlo para evitar complicaciones, planificarles una dieta sana y equilibrada y tomar medicamentos prescritos por el médico si fuera necesario.
¿Te pasas horas con ruido de fondo? Si cada día estás expuesta a ruido de tráfico, del aparato de aire acondicionado, del ventilador de tu ordenador, etc,, seguro que contribuye a tu estrés. Aunque no seas consciente, el ruido te va calando, te estresa y acaba teniendo efecto en la tensión. Evítalo al máximo y, si es necesario, ponte tapones para dormir.
Las arterias más grandes, incluyendo las suficientemente grandes para verse sin ampliación, son conductos de baja resistencia con altos índices de flujos, que generan solamente pequeñas caídas en la presión (asumiendo que no hay un cambio aterosclerótico avanzado). Por ejemplo, con un sujeto en posición supina (acostado boca arriba), la sangre típicamente experimenta solo una caída de 5 mmHg (0,67 kPa) en la presión media, cuando viaja desde el corazón a los dedos del pie.
Las personas con obesidad tienen entre dos y tres veces más posibilidades de padecer hipertensión, según datos de la Fundación Española del Corazón (FEC). Además, perder peso es la mejor forma de bajar la presión arterial, pues reducir 10 kilos puede repercutir en una bajada en la tensión sistólica de unos dos puntos; por ejemplo, de 140 a 120 mmHG. Lo mejor para perder esos kilos de más es acudir a un especialista que te proporcione una dieta personalizada, y realizar ejercicio de manera habitual.

Estas cifras se utilizan de forma orientativa para clasificar el estado de tensión arterial según el grupo de población en personas sanas y sin ningún tipo de alteración. En el momento en el que se detecta una alteración se debe de realizar un estudio en el que, tras varias mediciones y a distintas horas de distintos días, se compruebe que esta persona tiene una alteración pasándose a investigar la causa del desajuste. Entre las alteraciones que mayor incidencia de prevalencia padece la población nos encontramos de tipo endocrino, cardiocirculatorio o renal.  Estas alteraciones influyen sobre la presión arterial aumentando y o disminuyéndola:
Otra de las cuestiones que surgen más a menudo, es acerca de la frecuencia con la que debemos tomarnos la tensión. ¿Cada cuánto tiempo? Si tienes más de 40 años, deberías tomártela al menos una vez al año, mientras que los menores de esta edad pueden hacerlo cada 3 años siempre que los resultados sean normales. Por supuesto, si tienes alguna enfermedad, debes aumentar la frecuencia.

Su presión arterial se considera alta cuando tiene lecturas sistólicas continuas de 140 mm Hg o lecturas diastólicas de 90 mm Hg o más altas. Basados en la investigación, su médico podría considerar que sufre de hipertensión si es un adulto o un niño de 13 años o más que tiene lecturas sistólicas consistentes de 130 a 139 mm Hg o lecturas diastólicas de 80 a 89 mm Hg y tiene otros factores de riesgo cardiovasculares.
La hipertensión persistente es uno de los factores de riesgo para los accidentes cerebrovasculares, ataques cardíacos, paros cardíacos, aneurismas arteriales, y es la causa principal de la falla renal crónica. Incluso la elevación moderada de la presión arterial lleva a una esperanza de vida acortada. En presiones severamente altas, o presiones arteriales medias de 50 % o más sobre el promedio, una persona no puede esperar vivir más que algunos años a menos que sea apropiadamente tratada.5​
La hipertensión o tensión alta se da en valores superiores a 14 y 9, mientras que los valores por debajo de 10 y 6 indican hipotensión o tensión baja. Si tienes tendencia a tener la tensión alta o tienes antecedentes familiares, te recomendamos que leas este artículo sobre claves para prevenir la hipertensión. En cambio, si crees que puedes padecer hipotensión, te invitamos a que leas este otro artículo para que sepas cuáles son los síntomas de la tensión baja.
La hipertensión arterial afecta a mil millones de personas en el mundo y causa cerca de nueve millones de muertes cada año, según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS). A pesar de los serios problemas de salud que puede provocar –es el principal factor de riesgo cardiovascular–, es importante destacar que el control de la presión arterial está en nuestra mano. Por ello, si tu tensión está disparada, y quieres optar por una manera más natural de estabilizar sus niveles, descubre los consejos que te ofrecemos en esta galería y mejora tu salud al tiempo que proteges tu corazón.
La Fundación Española del Corazón (FEC) advierte de que las personas que fuman tienen entre dos y tres veces más riesgo de tener un accidente cardiovascular que los no fumadores, ya que el tabaco favorece la aparición de trombos y fomenta la acumulación de colesterol ‘malo’ y la reducción del colesterol ‘bueno’. Dejar de fumar tiene consecuencias positivas inmediatas para la presión arterial, ya que la salud cardiovascular mejora después de dejar este hábito tan dañino.

Los cambios en el estilo de vida son el tratamiento de primera línea, con una reevaluación en un plazo de seis meses. Los hábitos que pueden reducir la presión arterial incluyen perder peso, hacer ejercicio, limitar el alcohol y la sal, y seguir una dieta como la DASH, que enfatiza el tamaño de las porciones y prioriza las verduras, las frutas y los lácteos bajos en grasa.

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