Esta nueva valoración de las cifras de HTA trastocará las estadísticas, eso es lógico dado que ahora se considerará hipertensa a la persona que antes no lo era. Lo que me preocupa es que pueda existir una tendencia a medicalizar una enfermedad de forma generalizada sin ahondar en otras pautas de cuidados que pudieran tener un efecto destacado en el control de la HTA, como se ha indicado más arriba.
El corazón no deja de ser un músculo más, y también debe entrenarse cada día. La Fundación Española del Corazón (FEC) recomienda llevar a cabo ejercicios beneficiosos para la hipertensión, como caminar, correr, montar en bicicleta o nadar, entre media hora y una hora al día, con una frecuencia de tres a cinco días a la semana; así, el corazón se vuelve más fuerte y es capaz de bombear mejor la sangre, haciendo que la presión de las arterias sea menor y la tensión baje.

En las clínicas suecas a menudo se toma la presión arterial de forma inadecuada con el paciente tumbado. Las diferencias suelen ser pequeñas, sin embargo, al estar sentado, la presión sanguínea sistólica es un poco menor, y la diastólica un poco mayor. Probé esto yo mismo y anoté unos los valores de 116/73 de media en varias medidas sentado y una media de 119/72 tumbado.
Una innovadora investigación publicada en la revista Diabetes en 1998 reportó que cerca de dos tercios de las personas en la prueba, quienes eran resistentes a la insulina (RI) también tenían presión arterial alta, y la resistencia a la insulina es causada directamente por una alimentación alta en azúcar y granos, junto con una cantidad insuficiente de ejercicio.
Es importante medir la tensión arterial de manera periódica, ya que tanto la hipertensión como la hipotensión pueden dar lugar a trastornos de salud de carácter grave, especialmente en determinados grupos de población como los ancianos. Es muy importante saber interpretar las lecturas que proporciona el medidor de tensión, teniendo en cuenta cuáles son los valores normales de la tensión arterial.
El médico también puede utilizar un aparato denominado «oftalmoscopio» para examinar los vasos sanguíneos de los ojos y determinar si ha habido algún engrosamiento, estrechamiento o ruptura, lo cual puede ser un indicio de presión arterial alta. Empleará además un estetoscopio para escuchar el sonido del corazón y del flujo sanguíneo por las arterias. En algunos casos puede ser necesario realizar una radiografía de tórax y un electrocardiograma.

La sal es la principal causante de la retención del líquido agregando mucha más presión a nuestro organismo. Debemos consumir menos de una cucharadita de sal al día. Ten en cuenta que entre el 35%-40% de la población de España es hipertensa, y buena parte de la culpa la tiene el excesivo consumo de sal que realizamos. Los españoles consumen aproximadamente el doble de la cantidad de sal recomendada, y rara vez apuestan por sales naturales o alternativas, como la sal marina. Es evidente que la sal sirve para aportar nutrientes necesarios para el organismo y que también aporta sabor a las comidas, pero hay que vigilar su consumo e intentar limitarse a los 2 gramos por día que recomienda la Organización Mundial de la Salud (OMS).
Como parte de las nuevas directrices, la medida objetivo para los pacientes con hipertensión con una enfermedad cardiaca existente se redujo a menos de 130/80 mm Hg. Esa directriz también aplica a las personas con un riesgo un 10% o más alto de desarrollar enfermedad cardiaca en 10 años. Ahora, a esas personas típicamente les administran medicamentos para alcanzar ese objetivo.
Puede parecer sorprendente, dado que la presión arterial aumenta de forma natural con la edad, pero una presión arterial normal se considera el mismo para todos los adolescentes, adultos y adultos mayores: por debajo de 120/80. El primero de esos dos números, la presión arterial sistólica, refleja la presión en los vasos sanguíneos cuando el corazón se contrae y ejerciendo presión máxima. El segundo número, la presión arterial diastólica, refleja la presión en los vasos sanguíneos cuando el corazón está en reposo, entre las contracciones. Si cualquiera de esos dos números es demasiado alta, la presión arterial no se considera normal.
Las mujeres habitualmente presentan valores de presión arterial sistólica inferiores a los de los hombres. Sin embargo, la presión arterial sistólica aumenta con la edad de una forma mas pronunciada en la mujer: por encima de 60 años las mujeres presentan cifras de presión arterial superiores, incrementando la frecuencia de hipertensión es estas edades.
Las recientes actualizaciones de las pautas de la Asociación Americana del Corazón y del American College of Cardiology cambiaron la definición de presión arterial alta o hipertensión para la mayoría de las personas. Ahora la presión arterial alta generalmente se define como 130 o más para el primer número, u 80 o más para el segundo número (anteriormente los números eran 140/90). Sin embargo, existen consideraciones importantes para los adultos mayores a la hora de decidir si comenzar un tratamiento para la presión arterial alta, inclusive otras condiciones de salud y la condición física general. Si su presión arterial es superior a 130/80, el médico evaluará su salud para determinar qué tratamiento es necesario para balancear los riesgos y beneficios en su situación particular.
Pese a que muchas personas sufren pequeños altibajos en su presión arterial, tanto la alta como la baja puede tener consecuencias en la salud. En el caso de la presión arterial baja, si ésta es severa y no es controlada, puede llegar a causar que el oxígeno y los nutrientes que la sangre transporta no lleguen e los órganos vitales, produciendo así daños graves en cerebro y corazón.
Si concretamos sobre la prevalencia, “la hipertensión arterial en adultos afecta a alrededor del 30 o 45 por ciento de la población. Es más común en edad avanzada (llegando a más del 60 por ciento en personas con más de 60 años). La HTA fue el líder global en contribuir a la muerte súbita con casi 10 millones de muertes en 2015”, puntualiza Antonio Castro Fernández, responsable del Área de Cardiología del Hospital Vithas Nisa Sevilla y presidente de la Sociedad Andaluza de Cardiología (SAC).
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