Para nuestro organismo es sano cierto cambio de presión a la hora de realizar algunas actividades. El problema viene cuando el cuerpo no logra controlar los picos de presión y esta permanece alta por un tiempo mayor de lo necesario. En estos casos se pueden producir lesiones en nuestros órganos. El corazón, los riñones y el cerebro son algunos de los que pueden salir más mal parados.
Vitamina C y E. Los estudios indican que estas vitaminas pueden ayudar a disminuir la presión arterial. Lo ideal sería que consumiera cantidades adecuadas de estos nutrientes  mediante su alimentación. Si decide que necesita tomar un suplemento, asegúrese de tomar una forma de vitamina E natural (no sintética). Usted puede saber lo que está comprando si lee la etiqueta cuidadosamente. La vitamina E natural siempre está enlistada como la forma “d” (d-alfa-tocoferol, d-beta-tocoferol, etc.)  La vitamina E sintética está enlistada como forma “dl”.

Además de todos los efectos dañinos que el alcohol produce en la salud, también aumenta directamente la presión arterial. Según creen los expertos, esta sustancia activa en nuestro organismo la producción de adrenalina, que contrae los vasos sanguíneos, haciendo que la presión arterial aumente. Aproximadamente entre el 5% y el 7% de los casos de hipertensión están relacionados con el alcoholismo. Aunque se suele abogar por un consumo moderado, lo mejor es no tomar ni una gota.

Una vez haya sido determinada la causa de la baja presión, la Dra. Razzouk inicia el tratamiento del problema subyacente. Para la anemia, ella a menudo receta suplementos de hierro. Si hay alguna causa hormonal, ella receta medicamentos para regular la tiroides o la función de las glándulas adrenales. Los motivos cardiovasculares para la baja presión deben ser evaluados por un cardiólogo o un neurólogo. Y para las mujeres embarazadas, el aumento de hidratación probablemente resolverá el problema, pero cualquier síntoma fuera de lo común debe ser reportado al médico.
Existen medidas que valorizan la presión arterial en un individuo y determinar si la presión es alta o baja. Se dice que una persona sufre de presión arterial alta (o hipertensión) cuando sus valores se encuentran entre 140/90, no dando a relucirse de forma inmediata sino progresiva y se dice que una sufre de presión arterial baja (o hipotensión) cuando sus valores se encuentran entre 90/60, causando efectos inmediatos y síntomas de malestar los cuales ayudan a relucir rápidamente que se trata de hipotensión.
Esta acumulación reduce la cantidad de sangre que vuelve al corazón, es decir, la cantidad de flujo sanguíneo bombeado. Esto provoca un descenso de la presión arterial. Ante esta situación, el organismo responde aumentando los latidos del corazón, lo que hace que las contracciones sean más fuertes, los vasos sanguíneos se contraigan y se reduzca su capacidad.

Las personas con obesidad tienen entre dos y tres veces más posibilidades de padecer hipertensión, según datos de la Fundación Española del Corazón (FEC). Además, perder peso es la mejor forma de bajar la presión arterial, pues reducir 10 kilos puede repercutir en una bajada en la tensión sistólica de unos dos puntos; por ejemplo, de 140 a 120 mmHG. Lo mejor para perder esos kilos de más es acudir a un especialista que te proporcione una dieta personalizada, y realizar ejercicio de manera habitual.
Las mujeres habitualmente presentan valores de presión arterial sistólica inferiores a los de los hombres. Sin embargo, la presión arterial sistólica aumenta con la edad de una forma mas pronunciada en la mujer: por encima de 60 años las mujeres presentan cifras de presión arterial superiores, incrementando la frecuencia de hipertensión es estas edades.
Reconoce las características de la lectura de la presión arterial. La lectura de la presión arterial está compuesta de dos números, uno superior y otro inferior. El número superior es la presión sistólica y el inferior es la presión diastólica. El número sistólico muestra lo fuerte que es la presión cuando el corazón debe bombear sangre, mientras que el número diastólico es la presión cuando el corazón descansa entre cada latido.[12]
Entre algunos ejemplos de ejercicios aeróbicos que puedes intentar hacer para reducir la presión arterial se incluyen: caminar, trotar, andar en bicicleta, nadar o bailar. También puedes probar con el entrenamiento por intervalos de alta intensidad, en el cual se alternan períodos breves de actividad intensa con períodos posteriores de recuperación de actividad más ligera. El entrenamiento de fuerza también puede ayudar a reducir la presión arterial. Intenta incluir ejercicios de entrenamiento de fuerza al menos dos días a la semana. Habla con tu médico acerca de cómo elaborar un programa de ejercicios.
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