Ya has tomado antihipertensivos pero tu presión sigue sin bajar. ¿Has pensado que quizá sea por el estrés que sufres? O quizá no duermes bien o tienes sobrepeso. ¿Reconoces estos síntomas? Muchos factores pueden influir en una presión alta, pero la buena noticia es que la tensión se puede controlar sin recurrir a los fármacos. Cambiando tu alimentación y tu estilo de vida podrás hacer que tu presión baje y vuelva a ser normal.
Leche materna. Los estudios han demostrado que los bebés que son alimentados con leche materna durante más de 12 meses tienen un riesgo mucho menor de desarrollar hipertensión. Los investigadores creen que los ácidos grasos poliinsaturados de cadena larga (los mismos que se encuentran en el pescado graso) en la leche materna proporcionan un efecto protector en los recién nacidos.

La medición de la presión arterial se realiza con un esfigmomanómetro. La unidad de medida para medir la presión de sangre es mmHg, es decir milímetros de mercurio. Los dispositivos electrónicos y aneroides, sin embargo, no hacen uso del mercurio. El oscilométrico y auscultatorio son los dos tipos de métodos de medición clasificados como no invasivos. Estos métodos son menos precisos, y no causan ningún dolor.
El objetivo por tanto para los servicios de salud será conseguir que las cifras de TA no suban de 130/80 mmHg como medio teórico de evitar las complicaciones derivadas de la HTA como factor de riesgo para otras patologías como las cardiovasculares o las patologías renales crónicas. Hacer especial hincapié en las cifras de TA elevada va a ser crucial. Y aquí el papel de los enfermeros es indiscutible. Por supuesto, la vigilancia en enfermos con patologías como diabetes, cardiopatías y/o ERC, entre otras enfermedades crónicas, sigue siendo igual de importante.
Un estudio publicado en la revista Open Heart indica que el azúcar puede ser más nocivo que la sal para la tensión. Y en especial el sirope de maíz (fructosa) que se utiliza en alimentos procesados, zumos industriales y refrescos. Según esta investigación, si el 25% de las calorías de las dieta provienen del azúcar aumenta por tres el riesgo de muerte por enfermedad cardiovascular ya que aumenta sensiblemente la tensión. Aquí te dejamos algunos de los alimentos que tienen más azúcar de lo que crees.
Preeclampsia. Sucede cuando la mujer embarazada tiene alta presión arterial y señales de que algunos de sus órganos, como los riñones y el hígado, no están funcionando bien. Las señales y los síntomas de la preeclampsia incluyen tener proteína en la orina, cambios en la visión y dolores de cabeza severos. La preeclampsia puede ser una condición de salud grave. Aunque tenga preeclampsia leve, usted necesita tratamiento para que no empeore. Sin tratamiento, la preeclampsia puede causar daño renal, del hígado y del cerebro. En casos pocos comunes, puede resultar en una condición muy grave llamada eclampsia y síndrome HELLP. La eclampsia puede causar convulsiones y resultar en una coma. El síndrome HELLP sucede cuando tiene problemas graves de la sangre y del hígado.
“Existen múltiples evidencias clínicas que demuestran que cuanto más alta es la presión arterial, mayor es la probabilidad de sufrir enfermedades cardiovasculares. De igual modo, todos los expertos coinciden en que mantener las cifras de presión por debajo de los valores mencionados reduce de forma significativa el riesgo de complicaciones”, expone Enrique Rodilla Sala, profesor de Medicina de la Universidad CEU Cardenal Herrera y responsable de la Unidad de Hipertensión y Riesgo Vascular del Servicio de Medicina Interna del Hospital de Sagunto (Valencia).
Agrandamiento del corazón. La presión arterial alta hace trabajar más al corazón. Al igual que cualquier otro músculo del cuerpo que se someta a exceso de ejercicio, el corazón aumenta de tamaño para poder realizar el trabajo adicional. Cuanto más grande sea el corazón, más sangre rica en oxígeno necesitará, pero menos podrá mantener una circulación adecuada. A consecuencia de esta situación, la persona afectada se sentirá débil y cansada, y no podrá hacer ejercicio ni realizar actividades físicas. Sin tratamiento, la insuficiencia cardíaca seguirá empeorando.
La tensión arterial sufre variaciones a lo largo del día para satisfacer las demandas del organismo, y oscila en función de nuestras reacciones y emociones. La presión arterial depende de muchos órganos, entre ellos el corazón, el riñón o los vasos sanguíneos periféricos (arterias y venas de piernas, brazos y órganos del abdomen) la mente y su mecanismo de control activa sustancias hormonales segregadas por el cuerpo como la aldosterona, las corticoides o la adrenalina.
Su presión arterial se considera alta cuando tiene lecturas sistólicas continuas de 140 mm Hg o lecturas diastólicas de 90 mm Hg o más altas. Basados en la investigación, su médico podría considerar que sufre de hipertensión si es un adulto o un niño de 13 años o más que tiene lecturas sistólicas consistentes de 130 a 139 mm Hg o lecturas diastólicas de 80 a 89 mm Hg y tiene otros factores de riesgo cardiovasculares.
El médico te medirá la presión arterial mediante un dispositivo llamado esfigmomanómetro. Éste es generalmente un dispositivo digital y automático, formado por un monitor unido a una banda, que se envuelve alrededor de tu brazo superior. El médico presionará un botón para inflar la banda, y se desinflará lentamente de forma automática. Un sensor en el puño detecta tu presión arterial y se muestra el resultado en el monitor.

Controlar su presión arterial es una labor de por vida. La presión arterial es sólo uno de varios factores que elevan su riesgo de sufrir ataques cardíacos, derrames cerebrales o la muerte. La diabetes y el colesterol alto son otros factores de riesgo. Los cambios en el estilo de vida —tales como bajar de peso, llevar una dieta sana y realizar actividad física— pueden influir en esos tres factores de riesgo, pero muchas personas también tendrán que tomar medicamentos.

Antes de ver la tabla, vamos a echar un vistazo rápido sobre las lecturas de la presión arterial. Se puede medir la presión arterial por cualquiera de los dos tipos de monitores de la presión arterial – un esfigmomanómetro o un manómetro de mercurio. Hay dos métodos principales para medir la presión arterial – el método no invasivo y el método invasivo. Con ayuda del método no invasivo, se puede medir la presión arterial en las siguientes formas: –
Es importante medir la tensión arterial de manera periódica, ya que tanto la hipertensión como la hipotensión pueden dar lugar a trastornos de salud de carácter grave, especialmente en determinados grupos de población como los ancianos. Es muy importante saber interpretar las lecturas que proporciona el medidor de tensión, teniendo en cuenta cuáles son los valores normales de la tensión arterial.
Por otra parte, para bajar la tensión arterial también es imprescindible reducir el consumo de estimulantes. Dentro de este grupo entrar el tabaco, el alcohol o las drogas. Es decir, todas las recomendaciones redundan en un mismo sentido. Evitar las sustancias perjudiciales e incidir en una alimentación baja en sal y grasa y rica en frutas, verduras y pescado.
Seguro que has oído hablar en infinidad de ocasiones acerca de la tensión alta o hipertensión. Una variable que nos da mucha información sobre nuestra salud y que, por tu bien, te recomendamos que la tengas en cuenta. Existen aparatos para realizar mediciones en casa, aunque te recomendamos siempre que sea un doctor quien determine, en base a pruebas objetivas, exploraciones y test de hábitos, tu salud y su tratamiento.
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Ya que a menudo la presión arterial alta pasa desapercibida, es frecuente vivir con ella sin darse cuenta durante algún tiempo. Y puesto que es un factor de riesgo, puede ser sensato comprobar la presión arterial cada pocos años, incluso si te sientes sano en general. Este consejo va dirigido especialmente a personas de mediana edad o mayores, ya que la hipertensión es más común con la edad.
Este cardiólogo señala que el tratamiento está basado en un gran número de estudios con cientos de miles de pacientes, que han demostrado que la reducción de 10 mmHg en la presión sistólica (la “alta”) y 5 mmHg en la presión diastólica (la “baja”) reduce la mortalidad entre un 10 y un 15 por ciento; el ictus, un 35 por ciento; los eventos coronarios (infarto y angina de pecho), un 20 por ciento; y la insuficiencia cardiaca, un 40 por ciento. Todo esto independientemente de otros factores.
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